Dos meses sobreviviendo al terremoto en México

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Las familias del campamento de Tlalpan reconocen que no han dejado de llegarles alimentos. Nada les resulta suficiente después de 60 días de estar en la calle

A Gema Solares se le nublan los ojos cuando recuerda cómo se enteró de que lo había perdido todo. Después del terremoto de magnitud 7,1 que sacudió el centro de México el pasado 19 de septiembre, Gema escuchó por la radio que se había derrumbado un edificio del conjunto multifamiliar Tlalpan, donde vivía. Su esposo trató de tranquilizarla por teléfono diciéndole que no creyera en todo lo que se decía en esas primeras horas. Pero cuando llegó a buscar a sus hijos a casa de sus familiares, lo reconoció en la televisión. “Es el mío”, recuerda que le dijo impresionada a su madre, “Se cayó mi edificio”. De los diez bloques de viviendas que componían el complejo habitacional, el único destruido era ese, el 1C.

Gema (en el centro) escucha los discursos de otros damnificados. Foto: Itxaro Arteta.

Este domingo se cumplieron dos meses del temblor que colapsó 39 edificios en la Ciudad de México y causó daños en más de 3.000. Dos meses de dormir en la calle para Gema y su familia, en tiendas de campaña, con cocinas improvisadas y de ir al baño a la iglesia vecina. Desde ese campamento, al sur de la ciudad, salió este domingo una manifestación de damnificados, que se han organizado para presionar a las autoridades y exigir soluciones rápidas, la reconstrucción de viviendas gratuitamente y peritajes certeros para saber si los edificios con daños pueden recuperarse o deben ser demolidos.

“¿Dónde está el dinero que el mundo nos donó? ¡Con eso nos alcanza para la reconstrucción!”, fue una de las frases que gritaban a coro los manifestantes. Después del terremoto, gobiernos, artistas y empresas de muchos países se solidarizaron con la población mexicana y llegaron rescatistas, víveres y algunas donaciones millonarias, como las de Google, Facebook, Apple y Coca-Cola, que enviaron un millón de dólares cada una. Aunque las familias del campamento de Tlalpan reconocen que no han dejado de llegarles alimentos, nada resulta suficiente después de 60 días de estar en la calle.

Manifestación de damnificado. Foto: Itxaro Arteta.

Los damnificados del 1C, donde habitaban 40 familias, no olvidan que pese a su pérdida, salvaron la vida. Llevan puesta una camiseta blanca en la que están impresas nueve fotos y nombres: las nueve personas que murieron en su edificio. Entre ellos, dos niños que ese día hicieron la travesura de no ir al colegio, una jubilada de 78 años, y un plomero que ni siquiera vivía ahí, pero había ido a arreglar una tubería. Otras 18 personas fueron rescatadas de entre los escombros. “Lo que nos salvó a nosotros fue la hora”, dice Gema convencida. El sismo ocurrió a la 1:14 de la tarde, mientras ella y su marido trabajaban y sus hijos de 11 y 13 años estaban en la escuela. “Si hubiera sido en la noche, nos mata a todos”.

Fábrica textil derrumbada en el centro. Foto: Itxaro Arteta

La manifestación pasó frente a uno de los lugares donde sí murieron 21 personas mientras trabajaban: un edificio en una zona obrera del centro de la ciudad, donde falleció un empresario argentino que tenía una fábrica textil, cinco mujeres taiwanesas de una empresa que importaba juguetes chinos y más de una decena de costureras mexicanas. Todavía sobresalen algunos escombros de ese edificio. A dos meses del terremoto, recorrer la ciudad es encontrarse con terrenos como éste: tapados con maderas sobre las que la gente ha colocado fotografías de las víctimas, frases desgarradoras, flores, velas, banderas de México y agradecimientos por la solidaridad que despertó ese 19 de septiembre. Pero también se pueden encontrar en muchas calles cintas oficiales que impiden el paso a un edificio lleno de cuarteaduras. Edificios vacíos cuyos habitantes esperan saber qué pasará con su patrimonio mientras intentan seguir con su vida alojados con familiares, alquilando otra casa o durmiendo en albergues.

Campamento en el multifamiliar Tlalpan, donde se derrumbó el edificio. Foto: Itxaro Arteta

Gema sabe lo que es eso. Ha terminado la manifestación ━después de más de cuatro horas y los discursos de damnificados que exigen soluciones a los políticos━ y vuelve al campamento con su marido y sus hijos. Debe prepararse para una nueva semana, para volver a su trabajo de maestra en una escuela primaria. “No podemos estar parados, tenemos que continuar. Si yo dejo de trabajar tres días, me cesan y dejo de cobrar, ¿y ahí qué hago?”, se pregunta, sabiendo que no hay ninguna respuesta.

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